“El individuo tiene que entender que ser ético es rentable”.

Categoría: Noticias Última actualización: Martes, 06 Septiembre 2016 Publicado: Jueves, 28 Julio 2016

Rafael Alberto Basora de la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental de República Dominicana (DIGEIG), conferencista durante el desarrollo de la Semana de la Ética 2016, en las jornadas dirigidas a miembros de Comisiones de Ética Gubernamental de la zona central, occidental y oriental del país, nos habla sobre su perspectiva de la ética pública, la importancia de las comisiones y el actuar ético de los servidores públicos.

¿Cómo ve el avance de la ética pública en los países de la región?
Considero que la ética pública está en momento cumbre, no por lo que ha logrado, sino por lo que necesita. Nosotros estamos en un momento donde la ciudadanía desafortunadamente no percibe cierta credibilidad y confianza en nuestros poderes públicos y precisamente sobre la confianza es que se sostienen los poderes.
Los gobiernos de Latinoamérica se encuentran en un momento de mucho reto para poder reconciliar el ejercicio de la función pública de la mano de unos valores universales. Y esos valores universales los establece la ética pública. Hablamos de honestidad, probidad, independencia de criterio, de transparencia y de la solidaridad.
Hay una oportunidad de oro de quienes formamos parte de la administración pública, no solamente para rescatar los valores que tienen que identificarnos, sino también para brindar un servicio de más calidad. Sobre todo en los países en desarrollo, donde la ciudadanía depende mucho de nosotros en términos de políticas de acción social, de cómo se fortalecerá la seguridad, de cómo se brindará mayor estabilidad económica, un mejor ambiente de negocios. Pues uno de los criterios para poder medir el clima de negocios es la integridad, es la ausencia de corrupción. Y no se trata de cualquier inversión, sino de una que sea compatible con lo que la ciudadanía exige del gobierno. Como un gobierno opera, aleja la mala inversión. Hay que establecer unas reglas claras de juego para el ambiente corporativo y para aplicarlas a quienes formamos parte de la administración pública.

¿Cuál es la importancia de que existan instituciones como el Tribunal de Ética Gubernamental en El Salvador y como la Dirección General de Ética e Integridad Gubernamental (DIGEIG) en República Dominicana?
Nosotros como seres humanos tenemos una alta capacidad de generar influencia, de proyectar en el otro y de imitar, por este elemento propositivo, orientador y educador, es necesario que tengamos instituciones como éstas; las cuales están llamadas a generar conciencia a promover de forma sostenida, de forma creativa y permanente los valores, para que el individuo reconozca lo que la maestra Adela Cortina llama “la rentabilidad de la ética”. Es que el individuo tiene que entender que ser ético es rentable. Toda esa campaña de concientización, de vigilancia, de control, y en algunos casos de sancionar prácticas es importante y valen la pena.


¿Cómo define al servidor público, en torno a la ética?
Nosotros que desempeñamos una función pública, estamos en una situación privilegiada que en lugar de hacernos sentir superiores al otro, nos debe llevar a tener un comportamiento de mayor exigencia.
Y es aquí donde se destaca la importancia de todas esas campañas permanentes de promoción, de crear un ambiente de integridad, de mantener vivos los valores. Tiene que existir una institución que mantenga viva esa cultura de probidad, de honestidad, de ética, de transparencia. No se trata solo de recitar valores, no es que celebremos una Semana de la Ética o que se elija un momento para mantener vivos estos valores, sino que de manera cotidiana, de manera permanente, de muchas formas, hay que mantenerlos en la conciencia del individuo, pues se enfrentan muchas tentaciones y en la medida que se tenga esa avalancha, esa sobrecarga de valores y que  se entienda que hay una sociedad vigilante y  que ha dicho, "nosotros queremos ser honestos, nosotros necesitamos personas honestas", entonces tendrán relevancia las instituciones encargadas de velar por la ética en el ejercicio de la función pública.

¿Cuál es la importancia y el rol que deben cumplir las comisiones de ética en las instituciones públicas, pues tengo entendido que en República Dominica la DIGEIG, también trabaja con comités de ética?
Las comisiones de ética son la base fundamental de toda política de integridad. Aunque cada país dispone una forma y diseña las comisiones de ética, les da más o menos potestades, pero comparten una naturaleza común: que es la de ser entes promotores de prevención, de consenso, de análisis de problemáticas éticas y hay que reconocer que a veces la ley no es suficiente, pues a veces se enfrentan situaciones donde no se encuentra la solución en la ley; sin embargo se identifica que hay un problema ético, que hay una situación de conflicto moral y entonces hay que responder a cómo se va superar esa dificultad, cómo se garantizará y propiciará que la persona que está envuelta en el conflicto moral, tome una decisión correcta, desde el punto de vista ético y es  aquí donde las comisiones de ética son de gran utilidad.
Al margen de las otras potestades que tienen de ser enlaces para las denuncias, de ser responsables de canalizar las denuncias, de llevar a cabo campañas de educación; su utilidad proactiva está en su capacidad de ser un ente de consulta, de ser un ente de asesoría, de ser un ente de intervención cuando se suscitan esos problemas éticos, a los que les tiene que buscar una solución la institución, porque es la moralmente responsable de que su personal tome decisiones justas y correctas.

¿No se trata solo de una responsabilidad individual?

Individualmente se tiene un compromiso, pero en la medida que ese conflicto genera consecuencias que pueden afectar a la sociedad, la institución tiene una corresponsabilidad y es a veces necesario  que las comisiones de ética sean autónomas, que se les brinde la mayor capacidad de independencia, de que no se enfrente a los riesgos de las represalias.
Las principales inquietudes y preocupaciones que tiene un miembro de comisión de ética, son las de cómo le respaldará la autoridad, él que es la sombrilla bajo la cual se resguarda. Y aquí viene un rol de las autoridades rectoras de la ética, pues tienen que ver a las comisiones de ética como su brazo ejecutor y tienen que brindarles confianza y darles apoyo técnico, formarlos, entrenarlos y tienen que estar siempre escuchándolos.
En República Dominicana, nosotros tenemos un contacto intenso con las comisiones, en términos de capacitación, en términos de supervisión y seguimiento y creo que eso también debe darse en la mayoría de países que ponen en práctica las comisiones de ética. Las comisiones de ética no son etéreas, tienen una utilidad primaria en fortalecer una cultura de integridad en una institución pública.

Al hablar del fortalecimiento de una cultura de integridad en las instituciones públicas, ¿cómo generar esa cultura de cambio hacia la ética en los servidores públicos? ¿Es posible?
Claro que es posible. Lo hemos visto. A nivel de Latinoamérica se ha dado una evolución positiva de las administraciones públicas. En los foros recientes de iniciativas para mejorar las administraciones públicas y lograr esa transformación, lo primero que se plantea es la profesionalización del servidor público.

¿En qué sentido?
Estamos hablando del servicio público, entonces no se puede tener a una persona que solamente tenga buena voluntad, también tiene que ser una persona competente, con competencias que estén acorde a las necesidades sociales, económicas, con las funciones a desempeñar y con la naturaleza de la institución. Se plantea también, que se tiene que tener interés, intensión y voluntad política, la cual es necesaria para que la integridad se establezca, se mantenga y se pueda reconocer en la integridad de una institución. También debe existir una voluntad personal, ya no es solamente que los grandes líderes de la entidad del gobierno quieran desarrollarla. Tiene que existir una voluntad de toda la administración pública.
Tiene que haber coherencia. Es lamentable escuchar unos discursos que no son éticos, sino estéticos. Se utiliza la ética para adornar los discursos. Tenemos que pasar del discurso ético a la acción ética. La ciudadanía tiene que percibir una correlación entre los discursos, las promesas y los actos. Y esa es una responsabilidad colectiva, porque a veces se tiene un líder ético pero con unos empleados que no colaboran o viceversa.
Tiene que existir esa coherencia en la gestión de manera colectiva. De actuar en consonancia con los valores y toda una serie de  elementos que tienen que estar vigentes como la protección al denunciante, transparencia, rendición de cuentas, pero no se trata de presentar cualquier información, sino de preguntarnos si es la información qué necesita la ciudadanía para ejercer su rol de control social.
Hay todo en un sin número de prácticas, pero como decía el Dr. José Ayú, presidente de la Corte Suprema de Justicia de Panamá en la conferencia dictada por él en esta Semana de la Ética, el camino es largo, ni Dios pudo hacerlo todo en un día, pero hay que empezar. Y lo importante es que países como los nuestros, ya empezaron.

En una de las conferencias, mencionaba la importancia de que un servidor público actué no por obligación,  sino por voluntad a lo que hace. ¿Cómo mover a los servidores públicos a que no actúen por miedo a una sanción?
La sanción es necesaria. Definitivamente que una regla sin sanción se convierte en una exhortación. Sin embargo, el problema de una sanción es que depende mucho de su aparato coercitivo, de su aparato de supervisión.  Si se fundamenta la gestión en solamente la amenaza a recibir una sanción, entonces se tendrá a un servidor público que solo le temerá a esas sanciones, que solamente  actúa en la medida que le están supervisando y corre riesgo de ser sancionado.
Hay un paralelismo en la gestión por control o por responsabilidad y la gestión por integridad. Son dos tipos de enfoques, uno de cumplimento y otro de integridad y la validez al valor agregado que da la gestión por integridad, es que se termina dando más autonomía.
Lo que procura la ética es la autonomía, que el individuo no responda al compromiso, a la evaluación, a la sanción o al estímulo, sino que éste último venga de adentro. Y no es cuestión de cumplir para evitar una consecuencia, si bien es necesario para poder mantener la disciplina y el control, pero lo que necesitamos es más económico.
Es más económico cuando se tiene personas que creen en los valores. Lo que la filosofía institucional plantea es una misión, visión y los valores que son una garantía de que esa misión se cumpla. No se logran los objetivos, si no se tienen colaboradores que no están identificados con los mismos. Entonces lo que se promueve con esta nueva cultura de gestión es consolidar el compromiso, no la obligación. Al consolidar el compromiso de ser ético, la persona encuentra un beneficio común para la institución y para él mismo. Y es que no se toma la decisión de ser responsable, es que no se encuentra otra opción de cómo ser, lo eres porque si no te sientes mal contigo mismo, y no es porque te sientes amenazado de ser sancionado.
Entonces, la ética da esa autonomía que es necesaria para tener personas honestas, correctas, prudentes, no en función de la sanción, sino en función de sus convicciones personales.

 

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